Como siempre, los bancos, los cuadros y los crucifijos comenzaron a caerse, y Martín
estuvo a punto de desmayarse, pero Andrea le dio fuerzas dándole pequeños golpecitos en
la cara.De pronto, aquella voz femenina empezó a cantar y Andrea la siguió.
La voz prevenía de un lugar que le resultaba muy familiar: era el piano con el que Borja
había soñado.
Martín se acercó corriendo y observó su cara de asombro mientras le preguntaba:
-¿Qué te pasa?-preguntó Martín-
-Es el piano con el que Borja soñó.
-¿De qué hablas?
-En una de sus visiones, Borja veía un piano idéntico a este, él nos lo dibujó en un papel.
De él venía una voz femenina y al terminar el piano sangraba.
-Joder...¡quiero salir de aquí!-gritaba Martín-
-¡Shh!, tranquilo que no pasa nada.
Cuando la voz detuvo su dulce sonido, todo se calmó durante unos segundos;pero luego el piano empezó a sangrar y Andrea y Martín se apartaron para no mancharse.Al minuto, los dos escucharon pasos y voces, así que decidieron esconderse tras unas columnas muy gruesas. De pronto, aparecieron cuatro hombres, a decir por sus aspectos parecían monjes.Iban encapuchados y se pusieron alrededor del altar hablando en un idioma muy extraño, no era ni español ni latín y Martín miró a Andrea muy asustado; pero esta le dijo que se calmase a través de señales con las manos. Martín quiso esconderse mejor tras la columna, pero cometió un error que le costó la vida: se tropezó con uno de los escombros que había exparcidos por el suelo y se cayó, así que Andrea lo observó muy nerviosa con el corazón a cien por hora.
Los monjes lo miraron y se dirigieron hacia él con paso acelerado; pero no para salvarle, sino todo lo contrario.
Andrea se tapó la boca con las dos manos para que no la matasen a ella también. Los monjes llegaron hasta Martín y lo cogieron preso. Los cuatro seres extraños sacaron cuchillas muy afiladas de sus enormes bolsillos y lo comenzaron a apuñalar bestialmente hasta dejarlo casi muerto. Andrea escuchaba cómo Martín le pedía ayuda, pero ella no podía hacer nada, ya que si no, ella también moriría. De lo asustada que se hallaba, realizó un pequeño sollozo que los monjes escucharon y uno de ellos dijo en español:
-¡Ahí detrás hay alguien, encontradlo y matadlo-dijo con una voz estremecedora-
Andrea escuchaba los pasos cada vez más y más cerca; pero podía salvarse si subía escaleras arriba y se deslizaba con la cuerda de las campanas y así lo hizo. Salió de su escondite, y aquellos "hombres" se pararon en seco para ver su rostro, pero Andrea reaccionó y subió las escaleras hasta llegar al campanario. Al llegar, cerró la puerta y la atascó con una tabla que casualmente había en el suelo.
Se situó al lado de la campana y empezó a sacar la cuerda del agujero en el que estaba metida.
Los monjes ya llegaron y empezaron a derrumbar la puerta, y cada vez ella enrollaba la cuerda más rápido hasta que ya la tenía del todo; pero había algo sorprendente en ella que captó su atención: de la mitad para abajo estaba encharcada de sangre. Andrea reaccionó de nuevo cuando sólo faltaban unos segundos para que aquellos "hombres" reventaran la puerta, entonces ella se dio prisa y dejó caer la cuerda por la ventana.
Los de abajo la vieron y gritaban con nerviosismo que se diera prisa. La joven asustada se alargó las mangas de la camiseta blanquecina para no quemarse las manos con la cuerda.
De pronto, los monjes entraron y Andrea no se lo pensó dos veces, así que se deslizó cuerda abajo por la ventana y los monjes se asomaron a toda prisa para ver qué había sido de ella.
Catalina, Borja y Raúl se quedaron impresionados al ver a aquellos hombres raros dentro de la iglesia.
Cuando Andrea llegó al suelo, los otros tres se pusieron a su alrededor para levantarla.
-¿Dónde está Martín?-preguntó Raúl-
-Esos seres lo han matado a cuchillazos por todas partes, y yo me he escapado de sus garras. Tenemos que irnos antes de que vengan esos hombres-dijo Andrea-
-¿Y el equipaje?
-Dejadlo ahí, mañana vendremos a por él.
-Cogeré una manta, no puedes ir así manchada de sangre por las calles del pueblo-añadió Gonzalo-
-Quiero irme, vayámonos de aquí.
De pronto, la puerta de la iglesia se abrió: era Martín, que no lo habían matado del todo a pesar de las cuchilladas que recibió en varias partes del cuerpo.
El pobre muchacho se acercó a sus compañeros a punto de morir y estos se acercaron a él; pero de pronto, vieron como una cuchilla atravesaba su cuello. Un monje lo había decapitado.
Las dos chicas, Catalina y Andrea dieron un fuerte grito acompañado por grandes gotas de agua que salían por los ojos, mientras que los chicos se quedaron horrorizados tras ser testigos de la muerte de un amigo.
El monje cogió su cabeza y se la lanzó a sus compañeros advirtiéndoles en su idioma natal.
-Si no queréis acabar como él abandonar ahora que estáis a tiempo.-dijo con una voz oscura-
Gonzalo dio un paso alante armado de valor y valentía; pero a la vez muerto de miedo.
-Nunca abandonaremos,pensamos llegar hasta el final nos cueste lo que nos cueste.
-¿Tú y cuántos más?
Andrea dio un paso alante y se situó al lado de su hermano, y tras ella, uno por uno se pusieron a su medida.
-Nunca conseguiréis vencernos. Sólo sois una panda de niños.-dijo el monje-
-Tu iglesia te espera, vete y sigue con tus trapicheos-dijo Andrea-
-Tú serás la elegida-respondió aquel ser entrando dentro de la iglesia con el cadáver de Martín-
Cuando se cerró la puerta, el grupo se empezó a preguntar el significado de la frase que le dijo aquel hombre extraño y monstruoso a Andrea: "Tú serás la elegida"; pero ya tenían demasiadas cosas en la cabeza.
-Si nos preguntan por Martín nadie lo a visto-dijo Borja-
-Borja, nos han visto con él mucha gente, seremos los principales sospechosos.-contestó Catalina-
-Pues le diremos que se enfadó y se fue. Esque si decimos que lo ha matado un "monje" en una iglesia "supuestamente" abandonada nos tomarán por locos.
-Tienes razón, lo que ha pasado esta noche aquí, se queda aquí-añadió Gonzalo-
-Vámonos ya-dijo Catalina-
Por el camino, Andrea le contó a Borja lo del piano y éste se quedó realmente impresionado por las palabras que Andrea decía por su boca.
-¿Y pasó todo lo que te dije?-preguntó él impresionado-
-Absolutamente todo. Mañana domingo por la mañana iremos a las once de la madrugada. Ya que he terminado el instituto, quiero cambiar de aires, encerrarme en una misma cosa, como la iglesia; por ejemplo.
-Yo también iré mañana, pero Catalina creo que se quedará, sus padres la obligan a hacer bachillerato, así que dudo que asista.
-¿Crees que podrás traer un martillo?-preguntó Andrea pensativa-
-¿Para qué? ¿Qué quieres, romper el piano?
-Sí.
-¿Por qué?
-Quiero saber qué hay dentro.
Cuando llegaron a la puerta del instituto, cada uno se fue por su camino y Andrea llevaba alrededor de su cuerpo la manta que cogió su hermano para que no la viera medio pueblo ensangrentada.
-¿Qué ha pasado mientras estabas dentro? ¿De quién es esa sangre?-preguntó Gonzalo-
-No lo sé. Mientras enrollaba la cuerda, de la mitad para abajo estaba totalmente...cubierta de sangre reciente-respondió ella recordando aquella terrible escena-
-Dejemos las preguntas, vamos a descansar, a las diez y media tenemos que estar en pié.
-Madrugar es un asco, pero por lo menos ya no me aburriré tanto todos los fines de semana.
-¿Me estás diciendo que te gusta pasar miedo?
-No, pero me encanta investigar, aunque dé miedo, tiene su puntejo.
-No creo, uno de nosotros tendrá que morir para salvar Llanera, y puede ser cualquiera.
Andrea reaccionó de nuevo.
-Seré yo.
-¿Cómo lo sabes?-preguntó él-
-¿No escuchaste al monje? Me dijo que yo sería la elegida. Se refería a eso joder, seré yo quien muera por todos-decía ella llorando-
-No si no te apresan los monjes. Yo no permitiré tal acto.
-Ya es tarde, me tocó a mí y punto, asúmelo. El problema vendrá cuando se entere Borja.
-A descansar, mañana será otro día.
Gonzalo y su hermana llegaron a su casa y nada más llegar se pusieron a dormir. A la mañana siguiente, los dos hermanos se levantaron tal y como habían previsto, a las diez y media. Desayunaron, se vistieron y se fueron a menos cinco a la puerta del instituto, como era de costumbre.
Cuando llegaron, estaban todos menos Catalina, que tenía que discutir lo del bachillerato con sus padres y ese día no pudo ir, por lo tanto, Andrea era la única chica.
Como siempre, del instituto se fueron a la iglesia "supuestamente" abandonada.
Tras una hora de camino, llegaron allí a las doce y dos minutos y no dudaron en entrar.
Borja desenvolvió el martillo y lo agarró con fuerza para romper el piano. Al ponerse todos en frente el instrumento, Borja se ofreció voluntario para partirlo en mil pedazos, y así lo hizo.
Empuñó el martillo y comenzó a darle fuertes golpes hasta partirlo del todo. Oculto en él, había un libro un poco antiguo del siglo XX y restos de huesos humanos.
FIN DEL CAPÍTULO 10
Próximo Capítulo
Mañana o Pasado (:
Por: Silvia Moratalla Fernández
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