sábado, 19 de marzo de 2011

El Secreto de la Iglesia Maldita {{cap.7}}

Al acabar de comer, llamaron al timbre.Cuando Andrea iba a subir las escaleras, su madre la detuvo, ya que la visita era para ella. Era quien ella se esperaba: Borja.
-Iros a la parte de atrás y habláis de lo que tengáis que hablar que yo me voy a echar una siesta y no quiero escuchar voces ¿queda claro Andrea?-dijo su madre-
Andrea asintió y cogió a Borja del brazo llevándoselo a la parte de atrás para hablar tranquilamente en el jardín.
-¿Qué quieres ahora?-preguntó Andrea intentando hacerse la dura-
-He venido a verte.¿No puedo hacerlo?. Quiero que sepas una cosa-contestó Borja-
-¿Qué cosa?
-Lo voy a dejar con Cata, por ti
-¡No lo hagas!, ¿estás loco?, si lo haces ella y yo ya no seremos amigas ¿o es que no lo entiendes?
-Me dá igual, mejor para mí
-Pero ¿a tí te pasa algo en la cabeza o qué?. Haber que yo no te quiero.
-Ya lo harás algún día.
Andrea ya no aguantó más y no tuvo más remedio que ponerse a llorar.
-Que no puedes hacerme esto-decía ella-
-¿Y eso quién lo dice?
-Borja enserio, no instas más, no quiero estar contigo y punto, asúmelo
-No me queda otra, pero es que yo te quiero a tí
-¿Desde cuándo?-preguntó Andrea-
-Desde que entramos todos a la iglesia
-¿Y por qué?
-Me apasionó tu valor.
-Pues olvídate de mí
Andrea se levantó del suelo y se dirigió hasta su casa llorando y arrepintiéndose por cada palabra que había salido por su boca. Borja la llamó y ésta se paró del todo dándose la vuelta para ver a Borja y éste se acercó a ella con paso acelerado y al estar frente a ella le acarició la cara con las dos manos, acercando sus labios con los de Andrea hasta que finalmente se besaron con pasión.
-Sabía que me querías-dijo él-
-Ha sido un error. Mira...puede que te quiera, pero no te vuelvas a acercar a mí así, lo nuestro es imposible. Sólo te pido que lo comprendas.
-Nunca podré entender eso, pero lo que si me quedó claro es que me quieres, y yo a ti también
-Yo no e dicho que te quiera, sino todo lo contrario. Ese beso te lo dí para que te quedaras tranquilo y me dejaras en paz.
A Borja le hundieron esas palabras y también empezó a llorar, pero todo lo que había dicho Andrea era mentira, ella sintió que fue el beso más sincero que una persona le ha podido demostrar, incluso más que Raúl. Borja se estaba enamorando de Andrea y además de verdad.
-Entonces...¿lo hiciste para que me quedara tranquilo y te dejara en paz?-preguntó Borja-
-Sí.
-Esto me ha jodido más que una herida de bala por tu parte
-Lo único que quiero es que te olvides de mí y me dejes en paz para siempre.
En ese momento apareció Raúl y Andrea se secó las lágrimas de los ojos y ésta se dio la vuelta para poder verle la cara a su novio, pero Raúl le notó algo extraño y supo que Borja le había dicho algo para hacerla llorar. Andrea en ese momento no quería ver ni hablar con nadie, ya le importaba todo una mierda, así es que se fue a su casa dejando a solas a Raúl y a Borja.
-¿Qué te traes con mi chica?-preguntó Raúl-
-Nada que te pueda interesar. Y sí, de momento es tu chica, pero ya veremos después de quien es-contestó Borja-
-¿Qué has dicho?, osea que la quieres ¿no?
-Me merece más a mi que a tí,.Tú eres un faldero de mierda.
Raúl empujó a Borja y éste le respondió dándole un puñetazo en el tabique de la nariz. Los dos comenzaron a pelearse, y como Gonzalo escuchaba alboroto decidió salir.
Al verlos, corrió hacia ellos y los separó. Andrea iba detrás de su hermano, pero no se acercó a ninguno de los dos.
-¿Qué coño hacéis?-preguntó Gonzalo sujetando a Borja-
-Darle cuatro hostias al gallito este, que se cree mucho-contestó Raúl-
-Bueno, pues parad ya los dos
-Si este tipo se piensa que me va a quitar a Andrea, va listo
-Ya lo veremos Raulito-añadió Borja-
-¡Ya está bien!-gritó Gonzalo-Iros cada uno a vuestras casas y esta noche nos vemos a las nueve.
Borja se liberó de Gonzalo y se fue de allí lentamente. Cuandó pasó al lado de Andrea la miró y ésta también lo hizo, pero con una mirada decepcionante aunque enamorada.
Horas más tarde, cuando ya todo pasó, Gonzalo y Andrea empezaron a preparar los sacos de dormir sin que su madre se enterara.
Cuando ya estaba todo hecho, salieron de su casa a las nueve menos cuarto para irse hacia la puerta del instituto y después dirigirse a Santa Bárbara otra vez.
Al llegar allí, todos se pusieron en pié y partieron todos hacia la iglesia maldita. Por el camino, Borja no paraba de mirar a Andrea ni a Raúl cómo iban cogidos de la mano, y hubo un momento en el que fingió hacerse daño en un tobillo para llamar su atención y que se soltaran un poco.
Al llegar a la iglesia, volvieron a poner sus cosas en la puerta, y antes de que fueran las doce, Andrea entró dentro con Gonzalo, Borja y Catalina mientras que Martín y Raúl los esperaban fuera. Al entrar, todo estaba traquilo y despejado.
-¿Qué buscamos exactamente?-preguntó Catalina-
-Un diccionario del latín al español, lo necesito urgentemente.-contestó Andrea-
-¿Y dónde?
-En la estantería de libros que tienes en frente
-¿Y para qué los quieres?
-Para buscar unas cuantas palabritas, así es que vamos a buscar.
Los cuatro se acercaron a la estantería y empezaron a buscar un diccionario. Buscaron durante una hora y media, ya que la estantería era enorme y estaba llena de libros.
Borja por fin encontró el diccionario que Andrea andaba buscando desde hacia una semana.
En buscar y echarle un vistazo al diccionario se hicieron las doce. De pronto, comenzaron a sonar las campanas y los cuatro reaccionaron.
Se dirigieron hacia la puerta para salir de allí, pero cuando iban a salir, la puerta se cerró y los bancos volvieron a caerse uno por uno, los crucifijos se ponían boca abajo y los cuadros se caían en fila.
De pronto, una voz femenina y muy aguda empezó a cantar. Andrea comenzó a prestar mucha atención a la letra que decía:
"Nunc ades mortem,
suus serius,
Nunc ades mortem.
Cave ubi gradum
omnia periculosa
et vita vestra est ludus"
Cuando terminó de cantar esas frases, la mujer pegó un grito y todo se calmó


FIN DEL CAPÍTULO 7
ESPERO QUE OS HAYA
GUSTADO. EL PRÓXIMO
SÁBADO, CAPÍTULO 8,
LO PROMETO.
Por: Silvia Moratalla Fernández

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